
Hablar de BABYMETAL es hablar de una linda anomalía dentro del metal. No nacieron desde el circuito clásico de bares, ni desde el underground, ni desde ningun rincón que uno aprendió a respetar desde los 90. Nacieron en otro lugar. Y, contra todo pronóstico, terminaron ganándose un espacio real dentro de la escena global.
Con más de una década de trayectoria, el trío japonés logró algo que parecía imposible: mezclar pop idol japonés con riffs pesados, estructuras cercanas al power metal y una puesta en escena completamente teatral. A eso le llamaron “kawaii metal”, y lejos de ser una etiqueta pasajera, terminó convirtiéndose en una identidad sólida, reconocible y, sobre todo, efectiva en vivo.
Hoy, esa historia vuelve a cruzarse con Chile. El próximo 3 de diciembre, la banda regresa a Santiago para presentarse en el Movistar Arena, en lo que será su primer show propio en ese recinto, marcando un paso adelante en su relación con el público local.
De fenómeno viral a nombre respetado
BABYMETAL se forma en 2010 bajo la figura de Suzuka Nakamoto (Su-metal), acompañada por Moa Kikuchi (Moametal) y, en su etapa actual, Momoko Okazaki (Momometal). Desde el inicio, el proyecto fue una apuesta arriesgada: voces limpias, coreografías precisas y una banda de apoyo —la Kami Band— ejecutando metal con técnica impecable.
El punto de quiebre llegó con “Gimme Chocolate!!”, un tema que explotó en internet y abrió puertas fuera de Japón. Desde ahí, lo que parecía una curiosidad pasó a ser un proyecto serio: giras internacionales, festivales grandes y colaboraciones con nombres pesados del circuito.
Discos como Babymetal (2014), Metal Resistance (2016) y más recientemente The Other One (2023) consolidaron una propuesta que, aunque distinta, nunca dejó de evolucionar. En paralelo, la banda fue afinando su sonido en vivo, haciéndolo más agresivo, más directo, menos dependiente del concepto idol inicial.
En 2025, con el lanzamiento de Metal Forth, el grupo volvió a expandir su alcance, integrando nuevas influencias y reforzando su presencia global.
Chile: un debut esperado y una conexión inmediata
La relación entre BABYMETAL y Chile es reciente, pero intensa. Su debut se concretó en 2024, primero con un sideshow en Santiago y luego como parte de Knotfest Chile, donde compartieron cartel con nombres mayores del metal.
Lo interesante no fue solo la convocatoria, sino la reacción. Un público que, en teoría, podría haber sido distante frente a una propuesta tan distinta, terminó completamente involucrado. Canciones como “PA PA YA!!”, “Megitsune” y “Gimme Chocolate!!” funcionaron sin esfuerzo, generando pogo, coros y una energía que no se sintió forzada.
Los setlists de esas presentaciones mostraron una banda directa, sin rellenos, con shows que rondan la hora pero mantienen intensidad constante.
Ese primer paso dejó claro algo: BABYMETAL no vino a Chile como curiosidad, vino a instalarse.
2026: el salto al Movistar Arena
El regreso de este 3 de diciembre no es una simple vuelta. Es un crecimiento natural. Pasar del debut en festival y recinto mediano a un show propio en el Movistar Arena habla de una banda que entendió su impacto local.
El concierto forma parte de su gira por América, que incluye varias fechas en Latinoamérica, consolidando su presencia en este lado del mundo.
Se espera un show más completo: mayor producción, un set mas extenso y un repertorio que combine lo nuevo con lo esencial. Canciones como “Karate”, “Road of Resistance” o “METALI!!” probablemente convivan con material reciente, manteniendo ese equilibrio entre accesibilidad y potencia que define a la banda.
No hay que sobreanalizar a BABYMETAL. No es necesario encasillarlas dentro de lo “verdadero” o lo “correcto” dentro del metal. A esta altura, eso ya quedó atrás.
Lo que importa es lo que pasa en vivo. Y ahí, cumplen.
El próximo 3 de diciembre en el Movistar Arena, hay una oportunidad concreta de ver a una banda que, guste o no, logró construir algo propio dentro de una escena que pocas veces acepta cambios.
Si estuviste en 2024, ya sabes cómo funciona.
Si no, esta es la instancia para entender por qué BABYMETAL dejó de ser una rareza y pasó a ser parte real del circuito.
No hay que complicarse más: es un buen show, bien ejecutado, con identidad clara.
Y eso, en tiempos donde todo suena parecido, vale bastante.







